Portada de Los muertos de Bilderberg

Reseña literaria

«L’enfer, c’est les autres» Un sistema global que nos muerde el alma

por Belén Juárez

Libro: Los muertos de Bilderberg · Paco Ramos · 2022

En «Los muertos de Bilderberg», Paco Ramos arroja sobre el papel el desconcierto de la existencia misma con una lírica que resuena con el mayor de los vértigos: ¿Es auténtica nuestra libertad, o nos limitamos a deambular, ciegos, por el frágil espejismo de una voluntad que no nos pertenece? Este es un poemario que nos deja a solas con la intriga de saber cuáles serán los siguientes movimientos de una sociedad hermética, oculta y misteriosa.

Género
Poesía
Publicado
15 septiembre 2026
Lectura
6 min

Comienza este poemario con un prólogo de María Jesús Ruiz cuyo título —muy acertadamente—bautiza la autora con uno de los versos del libro: «Las ganas de ser vuelo». Un título que recoge toda la intención del autor de arrojar sobre el papel un abismo tan antiguo como es la voz humana y —a la vez— tan inquietante como es el desconcierto de lo que existe o no existe. ¿Somos realmente libres? ¿habitamos tan solo el espejismo de nuestra voluntad? Jean-Paul Sartre en Huis clos (París, 1945; traducida como A puerta cerrada), abordó, a través de la famosa frase del personaje Garcin —«L'enfer, c'est les autres»—, la angustia y la pesadumbre que supone el sabernos «vivos» pero bajo la voluntad de “los otros”. La pérdida de libertad nos convierte en objetos ante la mirada y el juicio de ojos ajenos. Es decir, darle poder absoluto sobre nuestras vidas a personas que no se dejan ver hace que nos quedemos atrapados indefinidamente sin saber de dónde provienen los herrajes que sujetan nuestras manos. Y este poemario, a mi juicio, produce vértigo. Nos sitúa sobre los raíles de un pasado, un presente y un futuro minuciosamente manipulados.

Pero hablemos del libro: origen, desorden y esa lenta reconstrucción hacia la deriva de un nuevo orden. De ahí que el texto comience, nada más y nada menos, que con «Génesis» y un primer verso iniciático: «En un principio creó Bilderberg los estados y el dinero». Continúa con un extenso capítulo, «Antiguo Testamento», que se abre con «Los Mandamientos de la Ley de Bilderberg» y las once plagas bíblicas entrelazadas hábilmente con nuestro presente: indigentes que duermen abrigados con cartones bajo las luces de los «cajeros automáticos» (pág. 27) donde se acumula la abundancia; «los diamantes de Kimberley» (pág. 28) que limpian la sangre de los caídos; «el pan» (pág. 31) que nunca pudo ser duro sobre el plato de una hipoteca desmesurada o un desahucio sobre el mantel; los ahogados de nuestras orillas, «esos niños que nunca escucharon nanas» (pág. 28); el esfuerzo de mis mejores años de juventud estudiando para terminar escuchando: «Vuelva mañana, ahora no hay trabajo» (pág. 36); el éxito fácil frente a la canción protesta «Los cantautores que yo amaba vendieron su poesía a los mercados, y en vez de cantar la canción protesta de Jara, escriben poemas de Bisbales» (pág. 38); el esfuerzo de los esclavos de bata blanca por lograr la inmortalidad: pobres científicos al servicio de adinerados e influentes rostros sin rostro que saben que prolongar la vida a base de retrasar la oxidación biológica no los hace eternos «La ciencia dota de artilugios todo lo que el hombre considera carencia», (pág. 41), ellos lo saben. La pobreza energética, los paraísos fiscales, los políticos, la extenuada democracia herida ya casi de muerte, y un sinfín de injusticias y desigualdades recorren este poemario.

Poemas que se erigen como un desafío extremadamente hirviente lanzado sobre el pentagrama del verso. Ya lo advertía Baruch Spinoza (Carta 58 a Georg Hermann Schuller, 1674): nos creemos dueños de nuestros actos y decisiones sin apenas ver que se trata de la ilusión de quien desconoce los hilos invisibles que lo mueven. Algunos los llamaron «Dios»; otros, como Paco Ramos, lo llaman «Bilderberg». Un libro que avanza con un pulso constante e inquietante: una marea de acontecimientos que nos angustia precisamente porque jamás podremos cambiar su dirección, como tampoco seremos capaces de dominar la deriva de los océanos.

En la segunda parte del poemario, «Nuevo Testamento», el autor recorre la historia del cristianismo post-Cristo, trazando entre versos la rebeldía de Matilde, hija legítima de Eva o tal vez de Lilith, nombrada en el prólogo (pág. 11). Esta rebeldía se entrelaza con temas tan actuales y estremecedores como son la queja frente al Dios Padre, los cayucos ante una orilla de bañistas felices, la prensa y las palabras gratuitas siempre dirigidas, o esa jaula de barrotes invisibles llamada pobreza de nacimiento.

Estas páginas nos sitúan de golpe frente a una certeza paralizante. Confieso que, tras las primeras líneas, sentí el impulso irreprimible de rastrear los nombres que integran la alarmante y secreta lista Bilderberg: ojos vigilantes, cautos y herméticos que trazan el destino de todo un planeta sin que sus habitantes lleguen a apercibirlo. Rostros difuminados de los que hablaba Michel Foucault (Poitiers, 1926 – París, 1984). Redes de poder invisible, vigilancia sistémica, el panoptismo que estructura nuestras vidas y cuyas fuerzas gobernantes no son necesariamente soberanos con corona sino entramados, élites anónimas y mecanismos de control social. Termina el autor este poemario con el poema «Apocalipsis», intuyendo ese futuro ambiguo al que estamos abocados.

Concluye el epílogo con la afilada pluma de Teresa Rodríguez introduciéndonos en un exhaustivo análisis que levanta el vello, detallando cómo el reparto de la riqueza en el planeta desemboca en duras consecuencias sociales. Fija la mirada en la pandemia de la COVID-19 y en esas miles de personas que tuvieron que morir necesariamente tras los abusos del poder y del capitalismo. La riqueza en el planeta es la que es, y su distribución es un punto a reflexionar. Bien dice: «Cuando en un sitio sobra es porque en otro sitio falta, y viceversa». Acierta de pleno en su análisis, y acompaña los versos de Paco Ramos con la claridad de una certeza indiscutible y verídica de lo que acontece actualmente en el planeta. ¡Bravo!

Y, ¿Quién sirve la mesa en los elegantes salones del Hotel Bilderberg? Los estados, los estados nominalmente ricos según su PIB son los mayordomos. Estados dirigidos por gobiernos cuyo principal objetivo es facilitar el negocio, garantizar el beneficio de los super ricos que habitan sus países, gobiernos dirigidos por políticos que son comerciales y consideran al país mismo una mera mercancía: «la marca España» dicen sin sonrojo, (pág. 70). Este epílogo, al igual que el resto del libro no tiene desperdicio.

Extraordinario texto, de un léxico y una arquitectura exquisitos, cuyo caos lingüístico final —magistralmente calculado— nos fuerza a una lectura de derecha a izquierda. Tan solo me resta añadir que, si se atreven a adentrarse en sus páginas —y sinceramente lo aconsejo—, el libro les dejará con la duda abierta, la boca cerrada y una certitud: todas las ricas panzas del «Poder» morirán antes o después sobre sus haciendas acumuladas sin que puedan remediarlo. El tiempo y la biología cabalgan al unísono como evidencia matemática. Ese consuelo nos queda al resto de los mortales, de aquí no escapa nadie.

soL sonamuh, oahar, nha ed sre óols oun y anu us zvo y onu us otirg: le ed al taberlid y al aicitsuj ed slo blesuop Los humanos, ahora, han de ser solo uno y una su voz y uno su grito: el de la libertad y justicia de los pueblos